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OPINION |
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¿El candidato equivocado?
Tomás Tenorio Galindo
La candidatura del empresario Zeferino Torreblanca es absolutamente legítima. Esa condición se la otorga la amplia votación que obtuvo en las elecciones internas del PRD, precisamente aquellas a las que él se opuso hasta la necedad. Sin embargo, y por desgracia, la virtud de las urnas partidistas no llega tanto como a conceder gracias que los hombres no tienen. Por eso, y a riesgo de hacer que la sección de correo de este diario se sature de coléricas cartas, es preciso tener presente que Zeferino Torreblanca sigue siendo, después del 15 de agosto, el mismo de antes de esa fecha: un político cuya trayectoria personal, hoja ideológica, obra de gobierno y acciones lo sitúan bastante lejos de la plataforma ideológica, del origen social y de la práctica política del Partido de la Revolución Democrática. Al elegir a Zeferino Torreblanca como su candidato, el sector del perredismo guerrerense que votó por él –no olvidemos que hay otro sector perredista que votó por el senador Armando Chavarría– sembró un conflicto ideológico y político que podría estallar en cualquier momento a partir de ahora, y casi sin duda si el PRD triunfa en los comicios de febrero de 2005. Es que resulta difícil encontrar puntos de convergencia entre el PRD y su candidato. El PRD, por ejemplo, se opone sistemáticamente a incrementar la carga de impuestos que ya pesa sobre las espaldas de los ciudadanos; su candidato, en cambio, ha dicho explícitamente que no se puede aspirar a realizar obra de gobierno si no es recaudando más dinero. Este punto se ilustra a la perfección con la propuesta de aplicar IVA a los alimentos y las medicinas, idea rechazada por el PRD y apoyada por su candidato. Las posturas del contador Zeferino Torreblanca suelen ser congruentes con su formación empresarial. Y si el estado requiriese la dirección de un gerente, quizá nadie lo haría mejor que él. Pero no es así. Guerrero necesita un líder con una acentuada visión social. Que ataque no sólo la corrupción enquistada en los gobiernos priístas, sino también, y sobre todo, que ataque el hambre, la injusticia y la terrible desigualdad social que sufren los guerrerenses de carne y hueso. Nuestro estado necesita establecer las bases de su desarrollo futuro, pero también atacar la emergencia del día a día. Si la posible alternancia política no responde a ese diagnóstico, la consecuencia será el desaliento, la desesperanza o el retroceso. El PRD tiene una responsabilidad sobre el contenido que adquiera la alternancia política. Sacar al PRI para meter al gobierno a un político neoliberal no parece ser el mejor papel que el PRD tiene reservado en esta coyuntura. ¿Cómo va a manejar el PRD este conflicto latente entre su candidato y la plataforma ideológica del partido? ¿Cómo resolverá este problema si su candidato se convierte –como es muy probable– en el gobernador de Guerrero? De ninguna manera: es un conflicto que, si se presenta, no tiene solución. Simplemente puede ocurrir que el PRD lleve al poder a Zeferino Torreblanca, y desde ahí éste le dé las gracias al partido por haberle hecho el favor de prestarle sus siglas para contender. Si ya lo hizo dos veces, ¿por qué habría de creer que en esta ocasión no sucederá lo mismo? En Nayarit ya le sucedió al PRD este fenómeno. Igual en Chiapas. O en Tlaxcala. Además, el propio Zeferino Torreblanca lo advirtió en su condición de precandidato; dijo que no piensa negociar con nadie. De hecho, ya demostró su estilo cuando intentó “negociar” la declinación del senador Armando Chavarría. De acuerdo con versiones de testigos, fue él quien ofreció a Chavarría puestos para el equipo chavarrista, y al propio Chavarría lo invitó a ser secretario de Gobierno; éste habría aceptado en principio; pero Zeferino Torreblanca salió de las pláticas a decir lo contrario, que el chavarrismo quería quedarse con todos los puestos. Eso obligó al senador a dar marcha atrás a su inicial aceptación, pues se le estaba haciendo ver como un “mercader de la política”, según sus propias palabras. O puede suceder que tarde o temprano el PRD rompa por la vía de los hechos con el gobernador que contendió con sus siglas. Pero de lo que podemos estar seguros es de que algo va a ocurrir en esa relación equívoca establecida el 15 de agosto. Son hechos consumados. Con habilidad que debe reconocerse al ex alcalde de Acapulco, supo centrar el debate de precampaña en el método para elegir al candidato, cuando debió haber sido sobre el perfil, la ideología y las propuestas de los precandidatos. Por eso no se discutió qué representaba cada quién, ni cuál sería el tipo de gobierno que encabezaría. Y por eso se incuba ahora el conflicto entre el candidato y el partido. Y que nadie intente engañarse: el conflicto está sembrado. El tiempo lo dirá. tenorioga@hotmail.com Vuelve a asomarse el populismo
Jaime Castrejón Diez
Estamos viendo poco a poco el renacer de lo que en los años sesenta fue rampante en las sociedades de América Latina: el populismo. Esta es una forma de hacer política que tomó carta de presencia en los conflictos estudiantiles de principios de los sesentas que se basaba en ganar la calle y presionar desde fuera a las instituciones para iniciar cambios sociales y políticos. Después vino una evolución hacia la institucionalización en un sistema democrático que pudiera garantizar la marcha de los países hacia el desarrollo, ya no tanto el desarrollismo de los años cuarentas y cincuentas sino de un desarrollo concertado socialmente. El caso de Venezuela, es claramente el caso de un populismo que tiene visos de ideologizarse y presentarse nuevamente como en los escenarios de los años sesentas, pareciera que se echara el reloj hacia atrás. En parte es debido a circunstancias y que la globalización no fue el método que elevara a las naciones en vías de desarrollo, sino que el resultado no fue el esperado. Pero el caso es que en México empieza a haber señales de un populismo renovado o reactivado, uno de los representantes principales de este movimiento es el caso del Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, que ha puesto en duda al Estado de Derecho y ha expresado su deseo de, a través de movilizaciones sociales, impedir el desarrollo institucional cuando no le favorezca. Esto es más grave aún porque es uno de los hombres que se manejan y se perfilan para las elecciones presidenciales del 2006. Pero no es solamente la presencia del populismo como algo que surge espontáneamente, tenemos que ver que también hay una sociedad insatisfecha, la cual también entra en un periodo de activismo. La fuerza que tienen los medios de comunicación en la opinión pública y la crítica fuerte los ha hecho en sí mismo un poder que presenta todas las características de una lucha política por conducir la opinión pública. Por un lado la época en que se consideraba en que menos ideología y mayor pragmatismo iba a llevarnos a evolucionar como país no ha mostrado resultados. La esperanza era basada en un sistema político que a través de la concertación logrará puntos intermedios y se pudiera evolucionar. No ha habido tal concertación y no se han logrado resultados. Si bien el siglo XX en su mayoría tomó la revolución como modelo de desarrollo, cuando se rompe la continuidad hacia dos alternativas: o la revolución en otras manos o la corriente menos ideológica, más pragmática y la concertación como punto de partida. Todo esto basado en una sola característica, el que se diera la concertación entre orientaciones políticas, que actores y partidos actuaran más con patriotismo que por intereses políticos. Como esto no se dio, hay conciencia de que la alternancia en el poder no es suficiente para garantizar el desarrollo político y social del país y por ello empiezan a revivir las ideas del pasado, por un lado el populismo, por otro lado el modelo duro revolucionario y como tercera presencia un modelo revolucionario democrático que no se ha dado todavía. Por otra parte está el PRD que no aumenta en números, un PAN que disminuye y la concertación que no se da. Es por esto que el caso de Venezuela es importante para toda América Latina donde en las encuestas recientes se ve que las expectativas de la ciudadania no han sido satisfechas por los regímenes democráticos. Lo malo de esas alternativas es que todas ellas conducen a el retorno de gobiernos autoritarios y francamente a un retroceso social que pudiera volver a sumir en el eterno problema del subdesarrollo a esta región del mundo que ha hecho intentos, pero nunca ha podido evolucionar satisfactoriamente. Pero debemos preguntarnos ¿en dónde está la sociedad?, ¿adelante o atrás de los planteamientos políticos? Cuando las sociedades van adelante se ha dado naturalmente el desarrollo, el ejemplo más claro es la Unión Europea. En cambio cuando la sociedad se rezaga, el cambio no se da. Pilotos sin cabina
Jorge Zepeda Patterson
Cuando se piensa en los excesos salinistas y echeverristas, por mencionar algunos de los muchos abusos del pasado priísta, debemos agradecer el arribo de la democracia a nuestro país. Gracias a la alternancia nadie puede conducir al país de la manera discrecional y arbitraria en que lo hacían estos caciques. O mejor dicho, nadie puede conducir al país. Punto. Hace una semana, en este mismo espacio, reflexionaba sobre la crisis de gobernabilidad que se nos viene encima. La debilidad que experimentan los gobiernos en todo el mundo –por la globalización que va desde el terrorismo internacional hasta internet, pasando por los trabajadores emigrados, las drogas o los mercados financieros– es aún más acuciante en el caso de México. En el pasado vivíamos en un régimen presidencialista en el que los mandatarios podían conducir al país en la dirección y la velocidad que tenían a bien. Salinas fue el último presidente que hizo y deshizo a voluntad. Dominaban al Congreso a los jueces, a los medios de comunicación y al presupuesto. Desde luego, también tuvo a bien imponernos a Raúl Salinas y otras infamias. Actualmente un mandatario ya no podría perpetrar tales afrentas a la Nación. Para ser exactos, no hay mucho que Fox pueda perpetrar hoy en día. Los Estados Nacionales viven a la baja en todo el mundo. Pero el Estado Mexicano se desploma en caída libre. La división del mercado político en tres partidos y el peso que tiene el Congreso sobre el Ejecutivo amenaza con provocar una parálisis de aquí en adelante. Difícilmente habrá en lo sucesivo un partido que alcance una mayoría absoluta en las Cámaras. Los márgenes de conducción que tendrá el Ejecutivo sólo permiten llevar la carreta al paso, sin posibilidad de cambiar el rumbo y la velocidad –y de cambiar la carreta mejor ni hablamos. El problema no es que gobierne el PAN, el PRI o el PRD; no, el problema es que ninguno tiene realmente posibilidades de gobernar de manera efectiva. En Estados Unidos funciona un régimen presidencialista, a imagen y semejanza del cual construimos el nuestro. Pero carecemos de tres factores que a ellos les permite funcionar eficazmente. Primero, que allá sólo hay dos partidos, lo cual significa aritméticamente que siempre hay una mayoría absoluta. Si se trata del partido del presidente, no hay problema para establecer una política propia y en caso contrario, cuando domina la oposición, al menos sólo hay un interlocutor con el cual negociar. En México, en cambio, la preeminencia de tres fuerzas políticas (PAN, PRI y PRD) provoca que ninguna de ellas alcance una mayoría capaz de ofrecerle al Ejecutivo condiciones estables para gobernar. Segundo, carecemos del profesionalismo de la clase política norteamericana. Hace unos días el jefe de la mayoría demócrata en la Cámara manifestó que estaban en contra de la decisión de George Bush de designar a Porter Goss como director de la CIA. Pero aseguró que se limitarían a expresar las razones de su descontento, pues dijo que no se opondrían a su ratificación por el Senado. Ello con el propósito de “dejar” gobernar al Presidente. Son las reglas no escritas de una oposición responsable. Saben que cuatro años más tarde ellos pueden estar gobernando y esperan que el partido republicano, cuando sea oposición, les devuelva esas muestras de “civilidad”. En México la clase política todavía no ha asumido estas reglas básicas de convivencia. A lo largo del sexenio de Fox los partidos se han caracterizado por aplicar una estrategia de corto plazo encaminada a recuperar el poder a toda costa –o conservarlo, en el caso del PAN–, sin tomar en cuenta las reglas de convivencia de un régimen de alternancias. La fragmentación del poder en la cabina de mando del legislativo y el infantilismo de los que allí despachan ha terminado por provocar altas probabilidades de ingobernabilidad. A este punto se añade un tercero: la ausencia de un cuerpo civil de carrera en la administración pública. En otros países las altas esferas políticas pueden cambiar de colores y partido, pero en la base permanece el personal que asegura eficacia y continuidad. Hay un know how acumulado en la experiencia de muchas personas, el cual se conserva en su sitio pese a que el cuadro del presidente cambie en las paredes de sus oficinas. No ha sido el caso en México, en que el desmantelamiento de delegados por todo el país y el recambio de los puestos de mando en las secretarías para dar entrada a los panistas, han trastocado buena parte de los quehaceres y procedimientos de cada oficina. ¿Qué cambiar de estos tres factores? Desde luego, será imposible disminuir de tres a dos los partidos predominantes. No está mal que haya al menos tres versiones que intenten representar los intereses de la heterogénea y desigual sociedad mexicana. Pero en los otros dos factores se puede hacerse mucho. Es imprescindible emprender una profunda revisión de las relaciones entre el poder Ejecutivo y el Legislativo. Y no me refiero a apelar al sentido de responsabilidad de los legisladores. Se requiere mucho más que eso: modificaciones constitucionales que permitan un régimen a medio camino entre el presidencialismo y el parlamentarismo. De esa forma, a semejanza de Europa, el mandatario gozaría de una mayoría en el Congreso a través de pactos formales que permitan un gobierno eficaz. No podemos depender del capricho o los humores de un senador o un diputado influyente, capaces de paralizar reformas por los dictados de su agenda personal. Requerimos de formas de gobierno que obliguen a una alianza formal entre las fuerzas políticas para darle a la administración la posibilidad de conducir los destinos del país. De otra forma seguiremos sin piloto en la cabina de mando del país. (jzepeda52@aol.com.mx) PLAZA
PÚBLICA
Bachiller
y licenciado
Miguel
Ángel Granados Chapa
En muy breve término, Felipe González González, que apenas había concluido la enseñanza secundaria, se convirtió en bachiller y licenciado. A comienzos de agosto obtuvo el diploma que acredita que terminó la preparatoria mediante el sistema abierto basado en la experiencia establecido por la Secretaría de Educación Pública. Y el 20 de este mes, el viernes pasado, obtuvo licencia para dejar el gobierno de Aguascalientes durante noventa días a partir del jueves próximo, lo que significa que hacia el 28 de noviembre deberá regresar a su cargo o renovar su petición para permanecer ausente de su responsabilidad dos días más, hasta el 30 de noviembre, cuando conluye el mandato para el cual fue elegido en julio de 1998. Por falta de oficio, por desdén a las formas, el secretario de Gobernación anunció el miércoles 18 por la noche, el nombramiento de González como subsecretario de Gobierno de aquella dependencia, cuando el todavía gobernador en ejercicio no había siquiera presentado la petición de licencia, y aun alegaba no saber qué cargo se le ofrecería. De allí que se complicara levemente su salida del gobierno: El jueves 19 se reunió la Diputación permanente, un breve grupo de cinco miembros –dos del PRI, dos del PAN y uno del PRD–, encabezado por el priísta Roberto Padilla Márquez, apenas para conocer la solicitud del gobernador. Considerando que el asunto tenía tal trascendencia que no debía ser resuelto sobre las rodillas –también para recuperar un poco la prestancia del Congreso local, tenido como simple oficialía de partes del gobierno federal, según queja del propio Padilla Márquez–, el presidente de la Permanente decretó un receso de 24 horas. Inconforme con la decisión, el vicepresidente del cuerpo, el panista Jesús Martínez intentó un ridículo golpe de mano. Se erigió en cabeza de la sesión, incorporó a ella a un suplente –del Partido Verde, que sirve lo mismo para un barrido que para un fregado– y con su propio voto, el del otro panista y el del perredista, concedió la licencia solicitada por González. Naturalmente, al día siguiente reconoció que lo había ganado la impaciencia, anuló en los hechos aquella ilegal decisión y la Permanente, funcionando regularmente, satisfizo la petición del gobernador. No me queda claro si designó un gobernador provisional que actuara del viernes al día de mañana, martes 24, en que a su convocatoria se reunirá el Congreso local para designar a un gobernador interino. A menos que se haya negociado la decisión, en este punto podría haber mañana una dificultad. La mayoría en el poder legislativo local corresponde al PRI –pues todavía no asume sus funciones la legislatura elegida el primero de agosto pasado, cuando el PAN recuperó su condición mayoritaria– y podría, por ende, no aplicarse el acuerdo no escrito pero observado generalmente de designar para un interinato a un miembro del partido del gobernador se va. Con ello el PRI podría disponer de la información suficiente para comprobar ante el Tribunal electoral del poder judicial de la Federación la queja de que su candidato Oscar Reyes Velarde fue derrotado en una elección manejada directamente por el gobernador González. Por eso mismo es de suponerse que el PAN se habrá asegurado de que, como González mismo ha sugerido, sea el secretario de Gobierno Abelardo Reyes Sahagún quien lo supla. Se conjetura que otros secretarios del gobierno local, el de Desarrollo Marco Pérez Hernández,o el de Finanzas Juan León Rubio son también considerados para el cargo. Igualmente se menciona el nombre del senador Alfredo Reyes Velázquez, que contendió por la candidatura panista con Luis Armando Reynoso Femat quien la ganó al igual que triunfó en el proceso constitucional y asumirá el gobierno el primero de diciembre. Si Reyes Velázquez fuera el escogido, su caso sería como el del actual secretario de Energía, Fernando Elizondo, quien superado en la contienda interna panista de Nuevo León el año pasado por Mauricio Fernández, fue finalmente gobernador –a diferencia de Fernández, que perdió ante J. Natividad González Parás– para suplir a Fernando Canales, llevado al gobierno federal como ahora González. González es un recién llegado a la vida política. Intentó ser candidato del PRI a la alcaldía de Aguascalientes en 1995, pero le fue objetado su magro curriculum escolar, por lo que esperó tres años en que los menos exigentes pero más eficaces panistas lo hicieron candidato a gobernador y lo hicieron triunfar. A los seis años de su ejercicio se limita su experiencia, escasa para un cargo como el que le espera en Bucareli. Sólo su vinculación personal con el presidente Fox explica, así, la designación que hubiera podido cubrirse con personal propio de la secretaría de Gobernación, o servido para aprovechar de mejor modo los talentos de políticos experimentados y situados fuera de su contexto. Pienso por ejemplo en Juan Antonio García Villa, subsecretario de normatividad y servicios a la industria y el comercio exterior en la Secretaría de Economía. Si bien además de abogado es economista, lo que lo distingue en la vida pública es su larga trayectoria política: diputado local, tres veces diputado federal, senador, secretario general del PAN, representante de ese partido ante el consejo general del IFE, candidato a gobernador de Coahuila. Entre 1994 y 1997 fue el primer miembro de la oposición en presidir la Comisión de vigilancia de la entonces Contaduría Mayor de Hacienda. Eso otorga saberes. ESTRICTAMENTE PERSONAL
Las traiciones
Raymundo
Riva Palacio
Para quienes no hayan vivido suficientes emociones en los últimos meses, espérense a que pase el siguiente informe presidencial, cuando llegue el turno al PRI de ajustar sus cuentas internas. Sus militantes viven la calma que presagia la tormenta, pero tras esa fecha cabalística comenzará un proceso que algunos anticipan doloroso y virulento porque se empezarán a ventilar y resolver las traiciones dentro del partido que han quedado pendientes. La secretaria general del PRI Elba Esther Gordillo y el ex secretario de Gobernación Diódoro Carrasco están en el primer lugar de la lista. De hecho, el PRI los hubiera sancionado o expulsado ya del partido por apoyar a la oposición en las recientes elecciones en Oaxaca, pero el castigo se detuvo porque se atravesó una dirigente: Beatriz Paredes, presidente de la Fundación Colosio, a quien le adjudican una traición profunda al partido en Tlaxcala que mina las posibilidades de victoria en la elección para gobernador. En el Partenón priísta reconocen que ni Gordillo ni Carrasco fueron sacudidos porque hacerlo hubiera significado proceder de inmediato contra Paredes, y el partido no está preparado todavía para hacerlo. A Paredes le tienen una factura amplia. En las anteriores elecciones para gobernador en Tlaxcala, apoyó abiertamente al perredista Alfonso Sánchez Anaya en contra del PRI. Aquél sabotaje de la ex gobernadora del estado fue pasado por alto en su momento, pero en esta ocasión consideran que sus excesos se han desbordado. La acusan de estar trabajando en contra de la candidatura priísta que recayó en el senador Mariano González, para lo cual –aseguran–, ha manipulado al PRD y al PAN, jugando con ellos como si Tlaxcala fuera el patio de su casa. Para sabotear al PRI, señalan, primero logró que a su hijo político, Héctor Ortiz, el PAN lo nombrara su candidato a la gubernatura. Para fortalecerlo, dicen, está ayudando al PRD a descarrillar la candidatura de Maricarmen Ramírez, senadora perredista y esposa del gobernador Sánchez Anaya. El talento de Paredes luce enorme. Primero manipuló al PT, que estaba en coalición con el PRI, para que dejara de apoyar a González y respaldara a Ortiz. Luego hizo lo mismo con la dirigencia nacional del PAN, a la que manejó a su antojo para colocarles un candidato, y más adelante embaucó al PRD para alcanzar sus objetivos. Lo que busca, dicen en el PRI, es que al armarle la justificación al PRD de desconocer a la senadora Ramírez como su candidata, puede entrar como relevo Ortiz, en una amplia alianza con el PRD, el PAN, el PT y Convergencia. Pero en el PRI lo tienen claro: si el senador González pierde la elección para gobernador, la acusarán directamente y, probablemente, pasará por un proceso de expulsión. Ese es el momento que aprovecharía el Consejo Político del PRI para proceder contra Gordillo y Carrasco. A la maestra le tienen documentado trabajo contra el PRI no sólo en Oaxaca, sino también en Aguascalientes, Tijuana y Zacatecas. Su deuda, sin embargo, no se circunscribe a este sexenio. Dicen tener pruebas que en el sexenio pasado movilizó al magisterio en apoyo de Vicente Fox, ayudándolo a ganar la Presidencia y traicionando al candidato priísta Francisco Labastida. Gordillo no jugó independientemente, sostienen, y trabajó con el ex presidente Ernesto Zedillo, quien también traicionó a Labastida para apoyar a Fox. La maestra no es un pájaro político débil. Se le reconoce un capital mensual de unos 100 millones de pesos libres de cualquier supervisión y rendición de cuentas que salen de las cuotas magisteriales, con lo cual puede movilizar recursos en apoyo del candidato presidencial que desee. Hoy la tienen coqueteando con el senador Enrique Jackson y con el presidente de Convergencia Dante Delgado. Pero sus lazos más concretos, cuentan en el PRI, tienen nudos en Los Pinos, donde se dividen afectos entre el secretario de Gobernación, Santiago Creel, a quien no apoya, y Jorge Castañeda, el candidato ciudadano al que le está respaldando parte de la estructura presidencial, encabezada por el secretario de Turismo Rodolfo Elizondo y su operador Francisco Ortiz. Los dos trabajaron muy cerca de Fox, y han puesto a Rolando Gamboa, ex encuestador presidencial, a organizar la campaña de Castañeda. Pero si a Gordillo la ven apuntando hacia el foxismo, a Paredes la ven consolidando una postura con el PRD, particularmente con el fortalecimiento de una alianza con el jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador. En los círculos de poder del PRI ven a Paredes como una de las que rechazan el desafuero del mandatario perredista, trabajando en coordinación con otra priísta a la que le tienen guardada la guillotina, María de los Ángeles Moreno, quien fue líder nacional del partido. A Moreno la ubican como una priísta que le resolvió la vida a López Obrador durante sus tres primeros años de gestión cuando fue líder de la Asamblea de Representantes capitalina. “Se pasó tres años validando al gobierno de Andrés Manuel, quien nunca tuvo problemas con ella en el Distrito Federal”, afirman. Moreno, quien paradójicamente fue impulsada por el enemigo de López Obrador, el ex presidente Carlos Salinas, está buscando con esas alianzas construir su candidatura al gobierno capitalino apoyada por el actual gobernante perredista. El fenómeno de las traiciones envuelve el tema que definirá la esencia y la vida futura del PRI. Tiene que ver con la gobernabilidad en el partido que, inevitablemente, está relacionado con la gobernabilidad del país. Dentro del partido tienen registrado que la pérdida del poder que ha tenido en los últimos años está vinculado inexorablemente con las traiciones que, en su momento, fueron alentadas por los liderazgos en turno. Este tema, que toca los límites de la disciplina dentro del PRI y el tipo de negociación que tendrá que concretarse en el mercado político para lograr una sucesión civilizada y la gobernabilidad, dividirá sin duda al PRI. Hoy, quienes detentan el poder están viendo que las traiciones y las alianzas de importantes cuadros con la oposición, están tendiendo un cerco al líder nacional Roberto Madrazo, donde parecen dispuestos a apoyar a cualquier candidato externo con la única condición de que no esté aliado al actual dirigente priísta. Este aislamiento ha sido diagnosticado y se prepara la contraofensiva. No hay porqué sorprenderse. Esta es la dinámica de las fuerzas políticas de un partido hegemónico que no ha sabido adaptarse a la pérdida del poder y que en el ajuste de cuentas contra quienes consideran sus líderes que los traicionaron, encuentran la fuente de su refundación. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com |